Hijo y hermano de estibadores portuarios, José Luis Cortés Santiago entró a trabajar en el Puerto de Tarragona a los 26 años. Y lo hizo, siguiendo la tradición familiar, como estibador. Del enorme esfuerzo físico que el oficio requería en los años 60 a la polivalencia que la evolución tecnológica de las últimas décadas permite hoy. Y es que José Luis ha visto avanzar a pasos de gigante una profesión tan tradicional e imprescindible como es la de estibador. Una parte de la evolución del oficio la ha vivido en primera persona, pero el cambio más destacado lo ha conocido a través de la memoria oral, concretamente la de su padre.




Formación y polivalencia

Le pregunto a José Luis sobre el oficio de estibador. Me explica que en total son más de 140 estibadores trabajando en el Puerto de Tarragona y que su trabajo consiste en realizar las labores de carga y descarga de los buques. “Ahora el trabajo es mucho más polivalente que antes”. José Luis explica que en la época de su padre había más “chapas”, es decir, que cada trabajador hacía un único trabajo. “Había el trabajo de maquinista, el de gruista, también había los especialistas, los capataces y los confrontas. Ahora estos dos últimos puestos se mantienen, pero el resto de tareas las hacemos los estibadores, somos más polivalentes”, explica. “Y lo somos gracias a la formación. Cuando entré a trabajar en el puerto hace 26 años lo hice como especialista, y una vez aquí, me ofrecieron formarme. Fue entonces cuando decidí especializarme en señalización y más tarde en conducción”, recuerda.





Del saco al contenedor: la mecanización del oficio

José Luis Cortés, en las instalaciones del Puerto de Tarragona

El Puerto de Tarragona ha movido durante los cinco primeros meses del año, un total de 13,3 millones de toneladas; un 9,9% más que en el mismo período del año anterior. Los líquidos a granel (como los productos petrolíferos, los derivados o productos químicos) uno de los principales tráficos del Puerto de Tarragona, son los que han experimentado un crecimiento más significativo, un 16,9% más. Pero uno de los aumentos más significativos ha sido el de cargas y descargas en destinaciones internacionales. En efecto, José Luis nos explica que diariamente pasan por el Puerto barcos de países de procedencias muy diversas. “Actualmente, paseando por el muelle del Puerto puedes encontrarte tanto con buques turcos, como rusos o filipinos”, explica. Pero José Luis nos cuenta que lo que realmente ha cambiado en los últimos años es el modo de transportar las mercancías. “La mayoría de cargas que hoy llegan al Puerto lo hacen en containers, mientras que antiguamente todo era más saquerío. El azúcar, la alfalfa, el cemento, el café… todo venía en sacos y todo se transportaba a mano”, explica. “Mi padre me explicaba que en los años 60 y 70 se ponían los sacos en una cinta y los trabajadores los estibaban en los camiones, con lo que comporta cargar sacos de unos 100kg en la espalda”, comenta. José Luis se esfuerza en que me haga a la idea de cómo era el trabajo entonces. Con los ojos abiertos de emoción me detalla el contenido de una fotografía del Archivo del Puerto de Tarragona: “en la parte inferior de la fotografía se ven a unas mujeres cosiendo los sacos llenos de producto y al fondo, tres hombres esperando para cargarlos. Cómo ha cambiado todo… ahora ya no se mueven sacos. Las grúas, grandes y móviles, mueven los containers”, explica Cortés.

Tradición familiar

Fotografía: Arxiu del Port de Tarragona

El Puerto de Tarragona ha dado trabajo a tres miembros de su família. El primero en entrar fue su padre. De origen andaluz, su padre llegó a Tarragona con las olas de inmigración de los años 50 y 60 en busca de trabajo. “Mi padre se ha dedicado toda la vida a trabajar. Entonces se empezaban a levantar las fábricas alrededor de la ciudad, y encontró trabajo en el Puerto de Tarragona como estibador”, explica.

Su padre, su hermano y él han trabajado en el Puerto de Tarragona como estibadores. “Empecé a trabajar de pastelero bien joven, después de acabar la EGB me tocó ir a la mili y al volver estuve un tiempo trabajando en la construcción hasta que entré en el Puerto. Aquí es dónde me siento a gusto”, explica. Pregunto a José Luis por Tarragona, su ciudad. Sin titubear me dice: “Tarragona no la cambio por nada. No podría vivir sin ella. Tarragona es como una madre porque me lo ha dado todo”.